¡Ahora es cuando esto se pone
bueno! En este post les presento al antagonista de nuestra historia (es un
antagonista con altas ínfulas de protagonista). Se llama Lover. En
realidad la mayoría de los personajes de I Love Zombies no tienen nombre.
"Lover" es simplemente el nombre que le doy al character para
diferenciarlo de otros en la narrativa. En todo caso para presentarlo, escogí las muy pocas líneas que escribí sobre su niñez, cuando comparte con su sádico abuelo. En
este pedacito de zombies hay indicios no explícitos de cual es el equipo de
futbol favorito de Lover y su familia. Además podrías deducir en que ciudad del
mundo están. ¡Si lo adivinan comenten abajo o pónganlo en el twitter o
facebook! ;D
En las gráficas verán la imagen
de Lover ya adulto, ilustrado como siempre por la mano preciosista de Marcelo
Pont Vergés.
"Muchos años antes de lo que pasó, y de su literal necrofilia, este hombre, hoy de criterios
deformados y practicante de un pragmatismo asesino, fue un verdadero
deportista. De los buenos, en verdad. Su amor por el deporte comenzó una tarde
en que su abuelo, aquel vasco del que ya les he hablado, lo llevara a la Comuna
Siete, en Bajo Flores. Allí, en medio de la ciudad donde hoy solo existen
zombies “atascados”, su padre trabajaba como jardinero en El Nuevo Gasómetro.
—¿Qué hacemos acá, abuelo? —preguntó
el muchacho mientras caminaban por la cancha. Su abuelo llevaba bajo el brazo
una extemporánea lata de galletas surtidas Bagley.
—A mí me gustaba más la cancha
de la Avenida de la Plata. Allá en Boedo. Pero imagino que esta también está
bien —dijo el viejo con aire solemne, haciendo caso omiso a la pregunta del
muchacho—. No es tanto lo que siento por el sitio, sino lo que representa.
Sobre el césped de una cancha como esta, hombres normales como tú y como yo, se
convirtieron en dioses. Ellos lucharon por poner a la mismísima gloria a sus
pies. Mi abuelo, mi padre, tu padre y yo, hemos sufrido y gozado con lo que ha
sucedido en este césped, que ha crecido nutriéndose del sudor y la sangre de su
glorioso equipo azulgrana.
—Parece grama artificial —dijo
el muchacho.
—¡No me interrumpa, carajo! —lo
calló el abuelo acentuando su regaño con un coscorrón— Nutriéndose del sudor y
la sangre de su glorioso equipo azulgrana —repitió el viejo tratando de
recuperar la calma—. Tanto es el amor y el cariño que profesamos a esta cancha,
que tu padre ha pedido que, algún día al morir, su cuerpo pasara a formar parte
de este suelo, para que la cancha se nutriera también de su sangre. Para que al
crecer…
El abuelo hizo una pausa para
ver si el niño insistía con lo de la grama artificial, pero esta vez el niño
logró tragarse sus palabras.
—Para que al crecer la grama —repitió
el viejo— crecieran también los logros gloriosos de nuestro querido Ciclón.
¿Bonito deseo el de tu padre, verdad?
—Sí. Muy bonito —contestó el
niño.
—Pues… ¡Se le hizo realidad! —dijo
el viejo dulcemente, entregándole la lata de galletas al niño.
El muchacho emocionado no
reparó en la herrumbrosa superficie del contenedor. Después de todo, una
galleta vieja es mejor que ninguna galleta. Al levantar la tapilla con las uñas,
se encontró dentro de la lata un polvillo negro y granuloso.
—¿Y las galletas?
—Vamos a echarle un poquito de
agua y a regarlo por la media cancha —dijo el viejo algo divertido."


Comentarios