A un gran amigo mío llamado Antonio (El Gochito) Medicci, en una conversación casual, se le ocurió que, si hacía una película de I Love Zombies (espero que eso pase algún día) él quería un papel en ella. Cómo él es bajito, decidió llamar al personaje Zombito. Lo que empezó como un juego, terminó transformándose en uno de los personajes que más me gusta de todo el libro. Además Zombito tiene un peso específico importante sobre la trama. Voy a poner la ilustración de Zombito que hice en su momento, sobre una ficha, no es una belleza como las de Marcelo, pero da una idea de lo que imaginé en el momento (aunque después la descripción de la novela haya pulido ese concepto). En este "Pedacitos de Zombies" está Lover, al que ya les presenté escuchando el fútbol en su camioneta, acompañado de el Gran Zombito. Enjoy!
"Lover abrió la guantera de su
camioneta y se dispuso a escoger uno de entre una decena de discos compactos
torpemente identificados con cinta adhesiva y marcadores de felpa: “San Lorenzo
de Almagro Vs. Boca. 1933”, “San Lorenzo 5 - River 1. 2009”, “San Lorenzo 4 -
Huracán 1. Dic. 2008”. Casi sin siquiera ver, tomó el de “San Lorenzo - River
2009” y lo puso en el reproductor. El locutor comenzó, de golpe e indistinto,
en la antiquísima grabación: ¡Estamos
viviendo! ¡Ya vivimos! ¡La presentación de San Lorenzo y de River en este nuevo
clásico de la República Argentina!
Lover dejó el partido a un volumen ambiental
mientras fumaba un cigarrillo:
—¿Sabes qué me molesta de los
patos, por ejemplo? ¿O de las personas en todo caso? Que cuando les disparas, en
vez de morirse de una vez, como es correcto, empiezan primero a quejarse:
¡Cuack-Cuack! ¡Cuack-Cuack! Tratando de trascender. De permanecer.
¡El
balón varía para el costado izquierdo para que se venga Aureliano Torres...! La
entregaba ya para el “Indio” Solari... ¡Aquí la tiene Solari...!
—Es realmente triste. Es patético
—continuó Lover botando el humo del cigarrillo por la nariz—. En cambio, los
muertos son otra cosa. No solo no se quejan tanto, sino que además son como
“suavecitos”. Es mucho más fácil sacar de combate a un zombie que a un ser
vivo. Sus órganos hinchados por los gases de la putrefacción tienen la
tendencia a explotar. Le vuelas un brazo y ¡splat! Le explotas la cabeza y ¡pow!
—terminó onomatopéyico.
Solari…
¡Solari!
—Es una gigantesca fontana de sangre. Lo que le da a la
cosa un aire teatral, pero sin tanto drama. Si las salpicaduras no fueran tan
peligrosas, sería hasta divertido. ¿No crees, Zombito?
A su lado, sobre el asiento, encapsulada
en una prisión especial de plástico y vidrio, estaba la cabeza de un zombie mantenida
“en conserva”. Una especie de pecera hermética, preparada a la medida de la
cabeza, mantenía la mayor parte de la cabeza fresca utilizando para ello
aceitosos líquidos tornasolados. En este prototipo de “pecera” una abertura
especial permitía que los ojos, la nariz y la boca estuvieran al descubierto
para poder darle de comer.
La cabeza furiosa cerró las
mandíbulas de golpe para morderle la mano, mientras Lover, sonreído, aprovechó
para botarle las cenizas del cigarrillo dentro de la boca zombificada.
¡Ptsssss!
La cabeza atrapada en la pecera
emitió agudos quejidos de histeria y desesperación.
¡Grrrrrrrr!
Lover, amoroso, se dirigió a su
malhumorada mascota como si fuera un perrito faldero.
—Es verdad. Cuando tienes razón,
Zombito, tienes razón. Pero vamos, no seas llorona, que no me dejas escuchar —dijo Lover a manera de advertencia.
¡Silvera
para Beto! ¡Silvera para Beto...!
El Zombito no paraba de gritar.
—¡Listo! Tú te lo buscaste. ¡A
su casita, vamos!
Con una sola mano y sin dejar
de manejar, Lover agarró la cabeza de Zombito y con un movimiento certero la encajó
de lado dentro de la guantera.
—¡Por malcriado!
Bergessio,
Bergessio.
—¡Calla que aquí viene lo
bueno!
Lover cerró de un portazo la
guantera dejando a Zombito encerrado en ella.
Bergessio... ¡Santana! ¡GOOOOOOOOOL!
El tanto marcado produjo en
Lover una risa que, hay que admitir, sonó mucho más simpática que maquiavélica."
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